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La joven de Upala que fundó una pyme de alimentos, la hizo crecer ... - El Financiero Costa Rica

La joven Nathalin Palma Zamora no tenía planeado convertirse en emprendedora, no era algo que pasara por su mente, al menos no justo después de graduarse de la universidad.

Diversas circunstancias personales y el haber ‘dado en el clavo’ con un negocio enfocado en la venta de productos cuya materia prima es el maracuyá, hizo que la joven de Aguas Claras de Upala  decidiera dar el salto como empresaria.

Sin embargo, el sendero hasta ahora no ha sido sencillo de recorrer.

Empezó a finales del 2014 y, luego de más de un año, vio crecer a su pyme Industria NFN al empezar a ganar clientes en su localidad y en otras áreas del país por medio de las redes sociales.

Esto la motivó a formalizarla, a registrarse como pyme ante el Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC) e, incluso, a invertir en nuevo equipo y realizar mejoras en su área de producción, por medio de préstamos que le otorgaron entidades financieras.

Pero en noviembre del año anterior gran parte de su esfuerzo se vio derrumbado por el paso del huracán Otto, que afectó al cantón de Upala.

Hoy lucha por levantarse, junto con el apoyo de sus padres Freddy Palma y Noemy Zamora, con el fin de recuperar lo perdido y volver a posicionar a su negocio, que a pesar de lo vivido se mantiene activo.

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El nacimiento de su empresa

De previo a este suceso, ¿cómo fue qué surgió su empresa?

Antes de establecer su emprendimiento, Palma acumuló cierta experiencia laboral.

Primero trabajó en el área de recursos humanos de la Municipalidad de Upala e hizo su práctica profesional en la empresa Terrapez, ubicada en Cañas, Guanacaste y que vende filetes de tilapia. Allí colaboraba en el área de producción.

Posteriormente, realizó trabajos por servicios profesionales para la empresa Cemex, situada en Colorado de Abangares, donde laboraba en el área de seguridad industrial. Pero llegó un momento en que la contratación no se extendió y se quedó sin trabajo.

Decidió regresar a Upala y empezó a mandar su oferta laboral a diversas empresas.

Tuvo la oportunidad de irse a trabajar a Limón y a Guápiles. Pero, al ser zonas alejadas de su hogar y de su familia, declinó las ofertas.

Fue en ese momento, en el año 2014, cuando se puso a conversar con un amigo, quien trajo a colación el cultivo de maracuyá.

A ella le llamó la atención no la fruta en sí, que es conocida, sino cómo con ella se pueden crear productos con valor agregado. Así que, decidió entrarle a este negocio.

Don Freddy, quien se dedicaba en ese entonces a la ganadería (tiene una pequeña lechería), le ayudó a preparar el terreno dentro de la finca familiar en la que viven, para empezar a sembrar la fruta.

Iniciaron sembrando en media hectárea y, mientras los cultivos estaban en proceso de crecimiento, la joven investigó qué se podía preparar.

Se dio cuenta de que en Suramérica hay una amplia gama de productos y eso la impulsó a experimentar, pues el maracuyá es muy versátil.

Cuando empezó la cosecha, su mamá Noemy y ella desarrollaron recetas de mermeladas y buscaron la asesoría de una chef, quien las ayudó con sus conocimientos.

Luego, fueron adaptando la receta a su gusto y uno de sus sellos es que no emplean químicos y usan azúcar orgánica.

Al ver que el maracuyá crecía muy bien, luego pasaron a tener dos hectáreas de siembra.

Su primer producto fue una jalea de maracuyá. Seguidamente, incursionaron en la realización de jugos de esta misma fruta.  Llamaron a su marca Pasión Real.

La empresa comenzó a vender sus productos en su pueblo y su mamá, quien es educadora, contactó a sus excompañeros de trabajo docentes para venderles los alimentos.

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Crecimiento gracias a las redes sociales

Al principio, las ventas eran pocas. No obstante, algo que los hizo crecer mucho fue el incursionar en los medios digitales, como Facebook e Instagram, desde donde empezaron a recibir pedidos.

Así, dada su cercanía con Guanacaste, extendieron su distribución a Liberia, Cañas, Playas del Coco, Tamarindo, entre otros lugares. Allí tienen clientes extranjeros a quienes les llama la atención sus alimentos.

Posteriormente, tras participar el año pasado en la feria del Gustico Costarricense en San José, establecieron contactos e ingresaron a la capital.

La pyme decidió invertir dinero y pidió un préstamo para contar con su propio local en la finca y conseguir los permisos municipales y del Ministerio de Salud para operar.

Igualmente, adquirieron ─a finales de octubre del año anterior─ un equipo industrial para mejorar su capacidad de producción y su inocuidad.

Se inscribieron como pyme en el Sistema de Información Empresarial Costarricense (SIEC) del MEIC.

Además, empezaron a tramitar los registros sanitarios de sus productos.

Nathalin recuerda que muchos de los trámites eran tediosos, lentos y significaron el desembolso de recursos, pero lo hicieron con un propósito en mente: aumentar su mercado.

Por otro lado, la empresa buscó el apoyo de tres mujeres de la zona, quienes les respaldan en las labores de producción.

Según Nathalin, esta ha sido una forma de beneficiar a su comunidad, pues allí hay pocas oportunidades laborales.

Gracias al despegue que tuvieron, incrementaron su oferta y hoy tienen mermeladas de maracuyá y de maracuyá combinadas con otras frutas como piña, fresa y mango.

A su vez, cuentan con todas estas opciones sin azúcar, para alcanzar a un público que busca proteger su salud y disminuir el consumo de esta sustancia.

La oferta de jugos incluye sabores de maracuyá, maracuyá con jengibre, maracuyá con frutos rojos y una alternativa de maracuyá sin azúcar.

Otras de sus creaciones son aderezos chutney de maracuyá con vegetales y de maracuyá con mango. Asimismo, un aderezo que lleva dulce de caña, maracuyá y especias.

Además, hay un almíbar de maracuyá y un relleno pastelero de maracuyá para quienes realizan queques y postres.

 

La tragedia les tocó, pero continúan adelante

Luego de ver cómo prosperaba su negocio, el huracán Otto ─en noviembre del año pasado─ les afectó económica y emocionalmente.

En esa época estaban produciendo mucho, pues se venían varias ferias y las fiestas navideñas.

Pese a que están acostumbrados a las lluvias y a que los ríos se crecieran, nunca habían vivido algo como el huracán.

La emprendedora rememora que tomó previsiones ante las advertencias y empezó a guardar algún equipo para evitar que se viera afectado.

Su familia se fue a Cañas, Guanacaste, para pasar la noche y resguardarse.

A su regreso, dos días después, se llevaron la sorpresa de que varias avalanchas impactaron su casa y local.

Dentro de la casa se perdió casi todo: electrodomésticos, sillones, y ropa, entre muchas cosas. Los muebles del corredor quedaron trepados en un árbol.

Afortunadamente, las estructuras estaban en buen estado, aunque con ciertos daños.

Las plantaciones de maracuyá se destruyeron totalmente y los pastos de la actividad ganadera de su papá toparon con la misma suerte.

Cuando llevaron a cabo las labores de limpieza, de su casa y del local sacaron casi una vagoneta llena de lodo.

Los productos que tenían preparados para una feria del Instituto  Nacional de las Mujeres se destrozaron. Las ventanas de su negocio se dañaron, tenían un material para ampliar su estructura (como zinc y cemento) y éste también se arruinó.

Frente al caos, se volvieron a ver el uno al otro, como diciendo: '¿y ahora qué?'.

A pesar de esta situación, la familia decidió continuar y en enero volvieron a retomar la producción, solo que ahora emplean el maracuyá de productores locales que no se vieron tan afectados como ellos por el huracán.

Su papá se integró más a la empresa, dado que su negocio de ganadería sufrió más las secuelas del desastre natural.

“Nos ha costado un montón, porque estamos prácticamente igual que hace tres años que iniciamos, empezando desde cero”, contó la emprendedora.

Dichosamente han topado con el apoyo de sus vecinos. Por ejemplo, la proveedora de sus envases les regaló los recipientes requeridos para reactivarse.

Este mes participaron en varias ferias, como la Expo Pyme, en la que no tuvieron demasiadas ventas, pero sí establecieron contactos con otras pymes y potenciales clientes.

Entre tanto, las entidades que les prestaron dinero les han dado un período de gracia y readecuado su deuda. A pesar de las pérdidas, los créditos siguen vigentes pues la empresa no contaba con un seguro que respondiera ante un evento de este tipo.

Nathalin se muestra con esperanza y tiene muchos planes para su empresa, entre ellos obtener una certificación que dé fe sobre cómo sus productos son orgánicos, así como ingresar a nuevos comercios a lo largo del país.

Por otro lado, esperan volver a sembrar maracuyá en el mes de mayo.

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