Esas antiguas reglas de la administración

  • Publicado por Admin
  • 22 de octubre de 2011 19:36:46 EDT
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Un colega me devolvió un llamado y me dijo que estaba muy ocupado preparando el Plan Estratégico 2008-2015. Un análisis cuidadoso revela que hacer proyectos al estilo cartesiano ya no funciona, porque no se respeta la naturaleza humana, sobre todo la intuición, definida como la toma de decisiones con poca información.

Todavía se usa el “wishful thinking”, o pensamiento positivo, en los presupuestos y proyectos, que tratan de racionalizar la inseguridad de los mercados. Exploran el pasado, le embuten algunas mejoras, los corrigen monetariamente y apaciguan las preocupaciones generando promesas de días mejores.

¿O alguien ya vio un plan quinquenal que proyectase un aumento de 5% en el primer año, una caída de 11% en el segundo, otra caída de 17% en el tercero y una cuarta de otros 3% de caída, y la fusión de la empresa con la competencia el quinto? ¿No es esto lo que se parece más a la realidad?

Me hubiese encantado haber visto el plan estratégico de la centenaria Warner, dueña de la CNN, dos meses antes de ser adquirida por AOL, que no existía algunos años antes.

Esto sin hablar en los planes de negocios o business plans de Internet, la caricatura de ese pensamiento liviano. Nunca vi uno cuyos números no sean fantasiosos.

El raciocinio cartesiano es el mismo. Mercado de x millones, de los cuales 20% van a comprar por Internet, y de los cuales 5% me van a comprar a mí. Entonces eso me da 20 millones diarios, etc., etc. Parece todo muy redondo, pero las cosas son bien diferentes en esta era del conocimiento.

Para qué hablar de los recetarios en administración de personal, con descripciones de funciones, cuando las organizaciones ahora cambian a cada momento, o evaluaciones de desempeño en organizaciones que requieren evaluarse diariamente.

Otro resabio de la era cartesiana son los organigramas creados por el ejército prusiano en 1720 y que ahora nada tienen que hacer en organizaciones multifuncionales que mudan permanentemente. Ahora los organigramas se hacen con papel y disponiendo de una goma. A medida que se hacen se van borrando, ya que cambian a cada momento. También hay que contar con las reglas contables que registran los bienes tangibles y dejan sin registrar los valores intelectuales, que son los que producen el ingreso y las ganancias.

A nivel personal están además los currículos, cuyo modelo viene de los años 20, cuando los ingleses lo introdujeron, con muy pocas modificaciones, transformándose en la mayor pieza de museo. Todavía no consideran los logros y resultados como la primera información que deben contener. Aún se centran en la experiencia y en la antigüedad en los cargos.

Otro factor importante es el cambio que existe entre los especialistas, centrados en un tema vs. la mirada holística y generalista que tienen los que realmente están produciendo los cambios en el mundo. Se está acabando esa frase tradicional “¿cuál es tu especialidad?” vs. “¿cuál es tu portafolio de habilidades para transarlas en el mercado abierto?”.

Especialista es aquel que sabe mucho sobre poco. Continúa sabiendo cada vez más sobre cada vez menos. Hasta que sabe todo sobre muy poco.

Especialista es aquel cuya especialidad termina y el no lo percibe.

Sin embargo, todas estas herramientas de la era fabril aún se practican en la mayoría de las empresas y se enseñan en las universidades como si nada pasara.

Como para pensarlo.

Autor: Fernando Vigorena Pérez

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