Innovación y talentos

  • Publicado por Admin
  • 14 de octubre de 2011 13:15:43 EDT
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Es normal esperar que la creatividad florezca en un local de trabajo tranquilo, con poco estrés, donde los conflictos son contenidos, donde hay consensos y la gerencia monitorea de cerca la forma como el dinero es gastado y la manera como las personas usan su tiempo. En síntesis, donde hay muchas estructuras departamentales y todo está previsto. Le pregunto, ¿verdadero o falso?... Falso.

En general la innovación se genera en ambientes inhóspitos, con funcionarios desajustados, personas que nos hagan sentir incómodos, inclusive personas de las cuales no gustemos. Así será posible encontrar algunos desajustados que ignorarán y rechazarán el código organizacional, aumentando la diversidad de aquello que las personas piensan y hacen, potenciando la innovación.

¿Qué Gerente en plena pose de su racionalidad contrataría intencionalmente a alguien a quien le llevase mucho tiempo para comprender la cultura de la empresa, o que dejase incómodos a los colegas?

¿Quién perdería tiempo contratando un candidato cuyas habilidades ni siquiera son necesarias para la empresa? ¿O quién daría empleo a una persona que nunca hubiese trabajado anteriormente en la solución de problemas semejantes a los que afligen a la empresa en ese momento? “Gente con experiencia en el cargo”, como se señala en los avisos de prensa.

La mayoría de los procesos filtran a estos “desajustados”, quienes son rechazados en los procesos de selección sin saber que pueden ser los verdaderos agentes cruciales para el éxito en programas de innovación. No válidos si la empresa está en la misma de siempre, cuidando sus nichos antiguos, conquistados en pasadas y lejanas batallas.

Los procesos reales de innovación requieren de personas diferentes, hay que buscar entre los postulantes a personas que cultiven una alta autoestima, autocrítica desarrollada, capaces de percibir las señales sutiles. Personalidades autónomas y mal ajustadas que descompensen la cultura organizacional, que alarguen los horizontes de todo lo que es pensado, percibido o dicho dentro de la empresa.

Pocos perciben que sus ideas pueden generar los nuevos productos que la empresa requiere en el futuro.

Hay que entender que la innovación no es inventar cosas nuevas, sino ver las cosas que existen de una forma diferente. Tampoco consiste en copiar lo que hacen en otras latitudes. La innovación debe traer consigo resultados mensurables, que mejoren un proceso, un producto, y cuyos resultados sean vistos por las mayorías.

Si yo fuese Gerente de una empresa que dependiese de la innovación, iría más lejos todavía, importando conocimiento “fresco”. Contrataría gente que nunca hubiese estado tratando de resolver los mismos tipos de problemas con los cuales yo estuviese lidiando.

En el proceso creativo, la ignorancia es una bendición, sobre todo en las primeras etapas. Hay un dicho que dice “si quieres saber de agua, no le preguntes a un pez”, haciendo alusión a que éste sólo se dará cuenta de que vivió en el agua cuando esté agonizando en las manos del pescador.

En mi poca experiencia en la materia, he verificado que los nuevos servicios y productos se generan en las empresas con la gente nueva, novata o ajena al rubro, que esté dispuesta a desafiar el status quo a pesar de que lo puedan despedir. Que quizá nunca ha usado terno, ni asistido a reuniones improductivas, ni haya participado del budget. En síntesis, no traer clones a la empresa, gente que piense igual. “Aquí somos todos ingenieros”, me dijeron en una empresa, garantizando que ahí no habrá innovación nunca.

Si es la innovación lo que usted desea en su empresa debería, a mi modesto juicio, incentivarse a sí mismo a romper su propias reglas y reglamentos. En el momento que eso suceda, ponga a todos a discutir, unos con otros. Dé nuevas atribuciones a aquellas personas acomodadas en rutinas operativas. Comience recompensando las tentativas frustradas, y no apenas los éxitos. Reserve las sanciones para los inactivos.

Quien hace lo que juzga correcto, y no lo que le dicen que debe ser hecho, o aquello que sabe que a sus superiores les gustaría que hiciese, acostumbra a producir serios trastornos entre los superiores. Pero por otra parte, acaba también obligando a apostar a ideas que algún jefe o grupo poderoso rehusó aceptar, porque entendió que no pasaba de un desperdicio de tiempo y dinero

Creo que a pesar de que muchas empresas consideran importante la innovación, ésta no es, y nunca será, su actividad fundamental. Al contrario, las empresas se concentran mayoritariamente en el trabajo más rutinario de ganar dinero ahora, con productos, servicios y modelos económicos confiables. Las prácticas más propicias a la obtención de ganancias siguen viejas fórmulas, que difieren drásticamente de aquellas tan necesarias a la innovación.

Durante este año y el próximo, escucharemos a muchas empresas hablar sobre la implementación de programas de innovación, surgirán términos en ingles, cursos, seminarios y grandes discursos, pero poco pasará. Los latinos no tenemos cultura de la innovación. Los brasileños, latinos por esencia, tienen un dicho al respecto “Nada se cría, tudo se copía”.

En nuestra cultura, las mejores ideas para promover y preservar la creatividad parecen extrañas y poco motivadoras para los administradores. Principalmente porque los procesos de innovación requieren cambios de 180 grados, riesgos y cambios de personal. Eso aleja a muchos de estos procesos.

Recuerdo la frase de Tolstoi: “Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie quiere cambiarse a sí mismo”.

La innovación se desarrolla sólo en un ambiente de libertad, sin decretos, normas, organismos gubernamentales, comisiones ni burocracia.

La rutina sucede sin usted, la innovación no.

Autor: Fernando Vigorena
Web: www.fernandovigorena.cl

 

 

 

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